martes, enero 06, 2009

Para presentacion sobre la Frontera en Bukowski Club* :: Historia #1

* Esta historia se leyó como parte de una presentación sobre la Frontera México-EEUU y la narco-cultura (la vida dentro de un contexto con una gran cantidad de trafico de drogas y muchos niveles de poder). La presentación fue en el Bukowski Club, de Madrid—Alpha siendo complice, o más bien yo siendo cómplice de ella, en la organización de ésta. Realidad hecha ficción (y no de la otra forma)...



La primera vez que probé el perico estaba en un fraccionamiento privado, de los malos, de esos de a mediados de los ochentas cuando (tal vez y segun esto, decían) la economía de Regan iba a regalarle todo a todos (eventualmente). Tenía dieciseis años recien cumplidos, todavia era invierno, y en una fiesta punk el Marco me llama detrás de un carro. El Marco es un wey que curiosamente fue amigo de un primo mio cuatro años mayor que yo, y hubo un tiempo en el que iba a casa de mi abuela (donde vivia mi primo) y yo veia al Marco con 14 años y camisetas y discos de Decide, Sepultura y Brujería, yo tenía unos nueve o diez años cuando eso pasaba, y le tenía, le sigo teniendo, bastante cariño al Waino (como tambien le podias llamar). El caso es que me llama detrás de un carro fuera del circulo principal de la fiesta y me pregunta si quiero. Que si quiero qué, Unas puntas, me dice, y lo veo darse dos, una en cada orificio de nariz. Se medio limpia y vuelve a meter lo que no pudo a la primera, mientras me pasa la bolsita y una credencial de estudiante de un COBACH que no era el 1. Y esto cómo, pregunto, asi nomas y ya?, mientras hacía fisicamente el proceso pero sin el polvo. Simón, asi nomas, ya le has hecho? Nel, Ahh!, pues te pone bien chilo, Arre, Aguanta, pásame la tarjeta y esa madre, Qué pedo?, Aguanta, agarra la bolsa. La acomoda, mete la tarjeta y hace una montañita de cocaina en una punta, Chupale bien, te la tienes que llevar toda, la acerca a mi nariz y cuando está suficientemente cerca esnifo como puedo y ese wey sube la tarjeta para que no deje nada. Siento un polvo metido en el tabique que se confunde con mocos invernales y luego se va para el cerebro, y luego para la garganta, agrio como la chingada, y luego me lo trago para el estomago, y siento algo de polvo todavia en la nariz. Ten otra, una no te deja bien, me dice el Waino y prepara otra montañita. Yo no digo nada y acepto la propuesta, y ahi va adentro, otro bonche de polvo por el otro orificio, y otra vez la puta sensacion esa de culerisima medicina…


Regresamos a la fiesta. Cerveza tras cerveza pasan unos cuarenta minutos y me dice el Waino, Hey wey, que pedo, como andas?, Bien, al putaso, Quieres mas?, Tienes?, Vamos, conosco un lugar aqui en corto, En donde?, Aqui nomas, en corto, vas a ver…La pienso un poco pero no hayo razón para decir que no, nos subimos a mi carro cada quien con una cerveza abierta y otra cerrada para el camino, arrancamos y me dice que agarre el bulevar para el centro de la ciudad, lo tomo, pero entre el desmadre que llevamos a los dos se nos olvida que la vuelta no era donde la dimos y justo salimos donde estaba un retén de municipales con unos federales al lado. A mi se me va la sangre a la cabeza. Al Waino no sé, pero en putisa se acaba la cerveza abierta, yo tambien, y pone las dos cerradas debajo del asiento. Ahi están las luces que te marcan el carril; los policias con lámparas apuntandole a la cara a la gente y buscando cualquier duda en los ojos para pasarte al lado y revisarte todo con la esperanza de encontrar algo y que valga la pena estar toda la puta noche esculcando a borrachos. Son como las dos de la mañana. Verga, me pongo nervioso y me voy poniendo más nervioso porque el Waino tampoco dice nada por un rato. Hasta el hecho de que el carro sea manual me pone inseguro, y pienso que si la cago en arrancar suavemente o si se me apaga el carro voy a hacer un oso cabrón, levantando sospechas. Luego ya cuando estamos a dos carros de los oficiales, habla el Waino diciendo que no hay pedo, y pues, agüevo que no, pero agüevo que si, porque allá vamos como vamos, con el que sé que es un wey carposo a mi lado.


Llegamos con el oficial, y pues, Buenas noches, Qué llevan?, nos pregunta pasando la luz de la linterna por nuestras caras y por los asientos del carro, Nada,…Para donde van?, Ya a la casa, hay que regresar el carro…Seguro que no traen nada?…Si, seguro…Es un oficial de bigote recortado con tijera y a raz, pelo corto de academia, negro, con ojos tambien obscuros. Se nos queda mirando y mira la fila de carros detrás nuestro, como si haciendo cuentas a ver si le faltan muchos….Pasenle, dice medio resignado y ni siquiera volteandonos a ver, vayanse con cuidado. Gracias oficial, buenas noches, y arranco otra vez, suavemente, para el centro de la ciudad, que era lo único que sabia de la dirección hacia donde ibamos. Los dos celebramos en silencio el haber pasado sin broncas, como si fuera bien normal el cotorreo (que de hecho se convertiría en normal en unos años), y entonces el Marco saca los dos botes debajo del asiento, abre uno y me lo pasa, y abre otro para él y ahí vamos otra vez por las relativamente nuevas, sucias y semi-vacias calles de una ciudad desértica en frontera.


Al llegar al centro nos metemos por el área de los congales y damos algunas vueltas. Parate aqui wacha, dice, ahi hay lugar. Me estaciono. Que pedo, es aqui? Simón, ahi en Las Viudas (un congal de mala muerte, en un lugar de mala muerte), caile, tengo que encontrar al bato. No traigo identificación wey, le digo, recordandole que tengo dieciseis años, No hay pedo, ahorita decimos algo si dicen algo, Bamba. Nos bajamos a la banqueta y un bato callejero con unos tatuajes de hommie dice que no nos preocupemos porque nos cuida el carro y hasta empieza a lavarlo. Yo le digo que no traigo feria para la lavada, pero que nos cuide la ranfla y le paso algo al final. Sobres jefe, como uste’ diga, y rápidamente va a decirle lo mismo al carro que recien se viene estacionando (uno más nuevo que el mio, razón por la que me alegro).


En la entrada de Las Viudas: Identificación, dice el guardia, Venimos a hablar con el Sibrian, contesta el Waino, es por un bisne, Y este wey?, pregunta el guardia apuntandome. Se me queda mirando el Marco por un segundo con cierta cara de duda, luego voltea con el guardia con toda seguridad diciendo, Este wey es el del bisne. Y se me queda viendo el guardia…Nos abre la puerta y entramos al lugar, alumbrado por luces de neón rojo en su mayoría y una sola pista de baile, pequeña, con dos tubos que van del techo al piso, en donde en el más cercano hay una mujer morena, chaparrita y con facciones del sur de México colgada, con la canción de Don’t Cry, de Guns n Roses, para el fondo musical. Vamos a la barra y el Waino pregunta por el Sibrian, nos sentamos en una mesa alejada de la pista de baile y luego llega ese wey, un joven de unos veinticinco años con un uniforme que me recuerda al de mi secundaria: pantalon tipo dickies negro y camisa de botones blanca. Se dicen algo los dos que yo no escucho (ni hago por escuchar) y se vuelve a ir el Sibrian. Traes veinte pesos?, pregunta el Waino, Simón, Pedí una cerveza, ahorita viene ese wey, pagala tú, ¿no?, para no estar aqui sin tomar algo. Llega la cerveza y tomamos mientras vemos a La Princesita de Cristal subir al escenario y bailar sus primeras dos canciones, quitandose la ropa solo parcialmente. (La primera vez que fui a un congal, me explicaron que normalmente son tres canciones; las primeras dos de baile y la tercera para encuerarse). Cuando acabó la segunda pieza llegó el bisne y salimos para la calle. Luego luego llegó el wey que dijo iba a cuidar la ranfla y le pasé tres pesos. Subimos al carro y sacó la bolsita el Marco. Luego sacó la misma credencial de estudiante de preparatoria y me preguntó, Te las das tu solo?…Voltié a ver a la bolsita dentro del carro dentro de la noche, Simón, le dije…Y otra vez, la puta sensación de culerisima medicina por el tabique y culerisima medicina para el cerebro…pero medicina al fin.

2 comentarios:

Said dijo...

luego dicen que esas historias nomas pasan en la realidad, nunca en la ficcion...



y pues como suele poner un carnal por ahi:

clap, clap, clap,clapclapclapclap.

(lo ultimo fueron como que varios seguidos y sin pausa)

No aplaudo la medicina, eso cada quien, pero la historia... seguro que le paso a alguien que conozco... seguro no.

SIN FUTURO dijo...

CARAJO!!!
saludos txus...